miércoles, 23 de marzo de 2011

Ana María Napolitano

Cuando tenemos algo para dar sin tener que recurrir a lo material y alguien se ve beneficiado, vaya como nos reconfortamos.

Hay quienes necesitan de ser escuchados, otros sentirse comprendidos, aceptados, confesar lo que en otro lugar no les parece adecuado mostrar, es decir, en los encuentros está lo que sientes tu, yo y aquel.

Muchos coincidimos en lo prejuiciosos que somos, en como las apariencias engañan, en lo cierto que es, qué basta contarnos nuestras historias para comprender que no hay grandes diferencias entre unas y otras.

Cada quien se guarda en principio su verdad, pero cuando nos abrimos a la realidad de cada uno, se disipan los miedos, las apariencias, despiertan las buenas intenciones, nace espontáneamente el sentido fraternal, el deseo de ayudar y eso sorprende más cuando se concreta.

El grupo, a veces, pequeño, se solidifica así de mejor manera; hay quienes reconocen no confiar en alguien desde muchos años y recuperar la confianza perdida, les parece algo poco creíble y se vuelven arrepentidos de haber vivido por tanto tiempo creando su propia desconfianza.

Aparentemente, somos tan diferentes, pero cuando nos aceptamos podemos amarnos como hermanos, solidaridad estrecha y férrea se ha dado entre algunos varones, desde acá les entrego mi admiración, algunos por dar con responsabilidad, otros por aceptar con humildad y por responder con fidelidad.

Encontrándome lejos de la capital, por razones de salud de mamá, quiero agradecer infinitamente a mi distinguida amiga Orientadora Sra. Ana María Napolitano, quien gentilmente aceptó estar a cargo del grupo; siendo ella un valioso aporte, me siento privilegiada de recibirlo siempre y de manera incondicional.

Cuando todos nos transformamos en uno, podemos permitirnos construir grandes personas, la bipolaridad es reflejo de lo que necesita la humanidad.


De un asistente a las reuniones:

Holas: leí el comentario donde se menciona a la Orientadora Sra. Ana María Napolitano publicado en el blog Bipolares... de Susana Rodríguez H. y es un despertar, como cuando suena tu despertador, como si de éste saliera un brazo que amablemente te dice: despierta... mira... escucha... que está pasando en las reuniones de los lunes en el Hospital del Salvador, es un regalo para ti. Ahora trata de hacer otro esfuerzo y tómalo,descífralo,agarra a manos llenas.



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5 comentarios:

  1. Gracias An. Me encanta saber que te llegan bien los comentarios.

    A veces, quisiera ser un libro abierto para todos, pero por respeto a la nobleza de muchos de mis compañeros, es que me expreso en un sentido metafórico para no dejar en evidencia total, innumerables gestos de solidaridad tanto económica como moral; en éste hoy, donde se huele que prima el egoísmo.-

    Cuántos nos cuestionan por llevar una patología y cuántos de ellos mismos desconocen que no por falta de cordura en algún momento en uno de nosotros, ha sido razón para hacer morir los buenos sentimientos o las bellas acciones.

    Entre más conozco la tristeza de otros, más creo en el amor del ser humano.

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  2. Cierto, la tristeza casi siempre esta hecha de amor escondido.
    Saludos

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  3. Gracias por compartir esta experiencia.

    Un abrazo
    Lvx Vitriolvm

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  4. Tu blog es magnifico, como un flotador olvidado en medio de un mar atormentado al que poder agarrarse.

    Te sigo.

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