sábado, 2 de abril de 2022

Tomando la vida en serio.


Si no me hubiera invadido el miedo o muchas veces el pánico a los inicios de la enfermedad, todo habría sido más fácil, después de tantos años... me detengo a entender la importancia del discernimiento. 

Discernir es justamente lo que no podemos lograr hacer cuando nos descontrolamos, no saber qué hacer con lo que sentimos, porque quedamos a la deriva, en poder de los síntomas de la enfermedad. 

Antes y después de las crisis definitivamente los medicamentos son el principal actor para evitar recaídas, aunque igualmente podamos recaer, pero la recuperación de seguro es menos lenta y eso ya es un buen signo. 

Estando enfermos nos volvemos absolutamente dependientes, pero curiosamente la misma enfermedad bipolar nos dota de capacidades qué resultan increíbles, una raíz o característica anexa de sensibilidad  a la intuición, percepción e inteligencia, tan aparentemente contradictorio a este mal que tanto dolor nos causa

Cuando se habla de madurar se refiere a hacerse cargo de las propias responsabilidades para recuperar el tiempo perdido, principalmente para volverse cuidadosos y prudentes; considerando que el paciente recupera el sentido de juicio, es decir de discernimiento, distinguiendo bueno y malo, compresión, correcto e incorrecto, lo que le permite de manera personal reorganizar su vida. 

Estos planteamientos demuestran lo posible que es tomar la vida en serio y no dejarse llevar por el descontrol de los sentimientos, por lo que no hicimos bien o por el juicio o prejuicio de otras mentes a quiénes uno mismo da poder de opinión.

Un punto a favor es aceptar las propias equivocaciones, las qué finalmente nos sirven para no repetirlas y entender que nada pasa más allá de lo que sentimos con lo que pasa, porque todo cambia y todo pasa.

Después de una crisis, se aprende que la tarea es controlar impulsos negativos, sentimientos de frustración y de fracaso, para recuperarse "hay que saber perder", hay que saber distinguir la importancia del amor propio, eso que nos identifica con la aceptación de sí mismo, con cualidades y virtudes que viven en todos aún acompañados de aquéllos rasgos que no nos agradan y que pasan inadvertidos cuando nosotros mismos los aceptamos.

Lo mejor de la experiencia, es valorar la capacidad de distinguir no solo mis propios actos sino que también el de los demás.

SRH

No hay comentarios:

Publicar un comentario