Como me sorprende saber lo que relata Martina.
El día de mi cumpleaños número veintidós, iba de camino a la universidad en la micro, estaba cansada por una situación familiar y personal que agobiaba mi vida. Creía que seguía avanzando y resistiendo en lo que debía hacer, cuando en verdad solo me hundía más y más. Recuerdo semanas atrás entrar a la capilla de la universidad y rogarle a Dios que por favor me ayudara porque no tenía idea de qué hacer con mi vida y estaba cansada. Entonces, fue el día de mi cumpleaños cuando Dios me respondió a través de la tía Susana (una amiga de mi abuela y ahora también mía), con la que no hablaba hace mucho mucho tiempo. Yo no le dije nada sobre cómo me sentía pero ella parecía saber todo, sobre todo lo triste y cansada que estaba, a pesar de lo mucho que me esforzaba siempre por ocultarlo y hacer como que no pasaba nada con todos. Que ella supiera qué me estaba pasando y ofreciera su ayuda cuando la necesitara, me hizo darme cuenta tiempo después que fue la respuesta de Dios a mi petición por una guía más clara y concreta en mi vida. Desde ese día la tía Susana me ayudó a dar vuelta la tortilla y aunque a veces se queme, me dió y me sigue dando las herramientas para que Dios me ayude a volver a hacerla. Pasé por muchos psicólogos, pero ninguno de ellos me ayudó tanto con la tortilla como lo hizo la tía Susana, con la gracia de Dios y desde el amor. Martina Guzmán, Santiago de Chile.
P.D. Dije a Martina que tenemos que agradecer a Dios y a seguir orando, Él conoce nuestra voz y a todos nos levanta, a veces, sin siquiera darnos cuenta.
Susana Rodríguez Hidalgo.

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