Cuando se recupera el equilibrio espiritual y mental, desaparece incluso del recuerdo lo qué nos hizo padecer.
Lo puro y divino, nos permite reconciliarnos con la vida, no importa el tiempo, importa agradecer a lo qué nos invita a no fallar en ese instinto de distinguir, verdadero o falso, para poder seguir.
La queja me ayudaba a crecer el dolor o la molestia, dejé de poner atención a lo que me hacía padecer con respiración profunda, siendo obediente, realista, entendiendo que lo bueno es bueno en todo momento y para siempre, mejor si cuidamos la intención de no perjudicar a otro.
Susana Rodríguez Hidalgo.


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