jueves, 2 de febrero de 2023

El trato qué nos gustaría recibir a todos.

 La complejidad del qué hacer y no hacer en el diario vivir con el paciente bipolar, es más llevadero cuando las personas qué conviven con él, están dispuestas a cambiar el trato en lo cotidiano. 

Algo muy favorable para relacionarse en el día a día, es tratar a la familia en general como si fueran visitas y con mayor razón al paciente a quien equivocadamente se le considera como un enfermo mental, siendo qué su desequilibrios emocionales son provocados justamente por falta de armonía, presentándose de manera cíclica es decir pasajeras, como lo que es un resfrío, aunque a veces con síntomas más delicados qué otros. 

El buen trato educa y consigue límites que generan respeto y delicadesas, conceptos que crean bienestar y confianza. 

Más que destacar defectos, debemos destacar aciertos, logros, la integración a la vida normal es un principio básico donde queda demostrado que la persona no pierde sus cualidades como tampoco su inteligencia, agradecerle o felicitarlo permitiendo el buen entendimiento, la buena convivencia y la tan importante ayuda mutua. 

Pedirle opinión, hacerle recordar gratos momentos, dejar de cuestionarlo, estimular su tratamiento y hacer silencio, ayuda a qué el paciente tome decisiones propias, entienda que no tiene limitaciones mentales y que sigue  siendo respetado, autosuficiente, pudiendo sentirse seguro de su propia identidad. 

Una buena compañía para el paciente bipolar es aquella donde no sea observado como enfermo, no tratar de hacerlo cambiar, porque sus procesos de decisiones no dependen de él mismo sino del medio en que se desenvuelva, de la constancia del tratamiento y de la no discusión.

Si nos fijamos bien, lo que necesita el paciente con bipolaridad, es el trato que nos gustaría recibir a todos; por lo tanto, el paciente también tiene la obligación de ser agradecido, prudente y respetuoso. 




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