Algo que llama la atención de muchos, es que siendo yo paciente bipolar durante 38 años con tratamiento y 56 años de matrimonio, haya perdurado mi vida familiar sin perder el principio de la unión y además que mis hijos se sientan orgullosos de mí como madre, después de pasajes difíciles de no comprender qué hacer frente lo desconocido, nos une la gratitud a la enseñanza de ser creyentes y seguir unidos en el silencio de la oración del Padrenuestro.
Nuestra última etapa de vida sin planearlo después de vivir en el Desierto de Atacama, el destino nos trajo a vivir a la Gran Isla de Chiloé, donde el ser humano es un ser ejemplar en desarrollar su inteligencia de acuerdo a sus necesidades, en la fotografía bajo un pilar de una de las majestuosas Iglesias del Archipiélago en Quinchao, construida por carpinteros chilotes en el año 1880 toda en madera nativa.
Chiloé/Chile.
Susana Rodríguez Hidalgo.


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